El hombre que sobornó a Washington
Jack Abramoff se veía a sí mismo como el frío Michael Corleone de El Padrino. Ante sus colegas, le gustaba imitar al personaje cinematográfico cuando éste respondía a algún político corrupto que le exigía una parte de las ganancias de la Mafia: “Senador, puedo contestarle ahora mismo. Mi oferta es: nada”.