Los dos grupos mayoritarios de la Eurocámara, populares y socialistas, han coincidido en rechazar el presupuesto pactado por los líderes de los Veinticinco en la cumbre de Bruselas de la semana pasada. La convalidación de las cuentas por parte del Parlamento es imprescindible para su aprobación definitiva. ?Aún no hay perspectivas financieras?, han dicho los portavoces.
La revisión de las Perspectivas Financieras (el marco presupuestario de la Unión Europea para 2007-2013) aprobadas en la madrugada del pasado sábado será uno de los principales objetivos de la Comisión Europea, según manifestó ayer su presidente José Manuel Durão Barroso.
El acuerdo presupuestario en la UE es un arma de doble filo para Tony Blair. En el plano externo le permite salvar su presidencia europea, que parecía destinada al fracaso.
El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, valoró el acuerdo presupuestario alcanzado en la madrugada de ayer como "un éxito incuestionable" que, dijo, tendrá consecuencias "muy positivas para España y los españoles".
Europa ha esquivado momentáneamente la crisis. Con un compromiso sobre el presupuesto, aunque sea de mínimos, la UE ha logrado detener la racha de fracasos iniciada la pasada primavera con los rechazos a la Constitución por Francia y Holanda.
Las lecturas del acuerdo presupuestario de la UE para 2007-2013 acordado en Bruselas han sido radicalmente opuestas para PP y PSOE.
El presidente José Luis Rodríguez Zapatero estuvo ayer en estrecho contacto con el presidente francés, Jacques Chirac, hasta conformar un bloque liderado por Francia y Alemania de seis países decididos a exigir al primer ministro británico, Tony Blair, que asuma la parte que corresponde al Reino Unido del coste de la ampliación al Este y de las sucesivas expansiones que pueda tener la Unión.
Comprometerse a revisar el presupuesto dentro de tres años en lugar de los siete que fijan las perspectivas financieras (2007-2013 para el próximo periodo) se convirtió ayer en la única moneda de cambio posible para los países que piden al Reino Unido una reducción y modificación sustancial del llamado cheque británico.