Al alivio por el descenso del nivel extremo de violencia le siguió ayer una jornada nerviosa, especialmente en París, donde crecían los rumores sobre una llegada a los barrios céntricos de grupos de jóvenes incendiarios de la banlieue. “Subamos a París” era el mensaje que se difundía por los blogs de Internet y por la red de mensajería telefónica en este puente festivo en el que se conmemora el armisticio de la Primera Guerra Mundial.
La policía paquistaní, armada con largos bastones, cargó ayer contra un grupo de 200 supervivientes del pasado terremoto que protestaban contra su expulsión de un campo de refugiados.
Salim sale a la puerta de su negocio, señala un bloque de edificios al otro de la plaza y dice: “Allí el Estado no se atreve a entrar; ha dimitido, simplemente no existe”.
La muerte de Bouna Traoré, de 15 años, y Zyed Benna, de 17, electrocutados el pasado 27 de octubre, aparece bajo una nueva luz tras la publicación, por el diario Le Monde, de los mensajes radiofónicos intercambiados por los agentes de policía.
El ministro francés de Interior, Nicolas Sarkozy, ha pedido a los prefectos, cargo equivalente en España a los subdelegados del Gobierno, que expulsen de forma inmediata a todos los extranjeros que hayan sido condenados por la ola de disturbios desencadenada el 27 de octubre.
Los líderes de extrema derecha como Jean-Marie Le Pen -que considera que en Francia se dan ya las premisas para “una guerra civil”- o Philippe de Villiers ya no están solos pidiendo la intervención del Ejército y la imposición del toque de queda en los barrios conflictivos.
Olivier Batista, de 42 años, padre dominicano y madre francesa, es director de la Maison du Quartier (asociación vecinal) de Clichy-sous-Bois, la población donde empezaron los disturbios, y especialista en política urbana en zonas problemáticas. "A veces me da la impresión de que estoy en Santo Domingo; hay niños que sólo comen una vez al día", asegura en una entrevista telefónica.
Al amparo de la Ley Patriótica, aprobada hace cuatro años -después del 11-S-, el FBI solicita acceso a información privada de miles de ciudadanos recurriendo a viejas normas, según The Washington Post.
Francia ?no puede aceptar la violencia?, y su Gobierno tiene la receta para acabar con ella: penas de cárcel para los detenidos implicados en la ola de disturbios que desde hace más de una semana asuela (y hoy también) varias ciudades y sobre todo la capital, París. El primer ministro francés, Dominique de Villepin, se ha reunido hoy con algunos de sus ministros, incluido el titular de Interior, Nicolas Sarkozy, que ha insistido en la mano dura contra una violencia ?que no aporta nada a nadie?. Mientras crecen las críticas contra el Gobierno, De Villepin ha querido poner el énfasis también en medidas sociales contra las raíces del problema.
La periferia del norte de París ha sufrido esta madrugada la séptima noche consecutiva de violencia, con incendios, asaltos a edificios públicos e incluso disparos contra la policía. Los agentes antidisturbios han practicado al menos quince detenciones, en varias localidades de los alrededores de la capital. La ola de violencia, que surgió en Clichy-sous-bois tras la muerte accidental de dos jóvenes, ha abierto el debate en Francia sobre la relación entre marginación y delincuencia.