El presidente francés, Jacques Chirac, ha decidido hoy poner fin desde el próximo miércoles al estado de emergencia, decretado el pasado noviembre para hacer frente a la ola de violencia urbana en los barrios conflictivos de Francia.
Lo que en 1997 empezó siendo una "especialidad de Estrasburgo" se ha extendido desde entonces a todo el territorio francés.
El régimen sirio encara conflictos de toda índole. Si en el ámbito internacional, la ONU, EE UU e Israel acechan al Gobierno de Bachar el Asad, también se suceden con mayor frecuencia los choques armados con fundamentalistas en el interior del país.
La policía egipcia impidió ayer que abrieran numerosos colegios electorales en las nueve provincias de Egipto que celebraban los comicios legislativos, lo que produjo en ocasiones choques con simpatizantes de los Hermanos Musulmanes que dejaron al menos dos muertos, según el Gobierno, y cuatro, de acuerdo con la organización islamista.
Un mes después de que la muerte de dos adolescentes en Clichy-sous-Bois (en la periferia parisiense), electrocutados cuando se escondieron dentro de un transformador huyendo de un control de policía, desencadenara una auténtica rebelión de las barriadas de las grandes ciudades francesas, la calma ha vuelto, pero no la paz social.
Conforme remite la violencia en Francia, la popularidad del ministro del Interior, Nicolas Sarkozy, a quien se ha acusado en las últimas semanas de encender la hoguera de la revuelta de las barriadas con su estilo y sus bravatas, sube como la espuma.