Farris Hassan quería saber más. Y ni las bombas, los secuestros o la muerte, que acechan a diario en las calles de Bagdad, fueron suficientes para frenar su curiosidad. Hasta ayer, que se instaló otra vez en su casa de Florida.
Farris Hassan quería saber más. Y ni las bombas, los secuestros o la muerte, que acechan a diario en las calles de Bagdad, fueron suficientes para frenar su curiosidad. Hasta ayer, que se instaló otra vez en su casa de Florida.
Podría parecer una broma o un plagio de alguien que ha leído la última novela de José Saramago, Las intermitencias de la muerte, pero no lo es. Roberto Pereira da Silva, alcalde de la ciudad de Biritiba-Mirim, a 80 kilómetros de la gran São Paulo, de 28.000 habitantes y famosa por sus reservas medioambientales, ha decidido prohibir a la gente morirse.