Christian Bagge, Chang Wong, René Martínez… Todos se recuperan de graves heridas y mutilaciones sufridas en combate en el Centro Médico Militar Brooke de San Antonio (Tejas). Son algunos de los más de 15.000 soldados estadounidenses heridos desde que comenzó la guerra de Irak.
Christian Bagge, Chang Wong, René Martínez... Todos se recuperan de graves heridas y mutilaciones sufridas en combate en el Centro Médico Militar Brooke de San Antonio (Tejas). Son algunos de los más de 15.000 soldados estadounidenses heridos desde que comenzó la guerra de Irak.
"Yo odiaba a los de Hamás". Maha, licenciada en Filología inglesa en la Universidad de Michigan, regresó desde Estados Unidos, a la devastada franja de Gaza en 2002. Hoy trabaja en Jan Yunis con organizaciones sociales ligadas al Movimiento de Resistencia Islámica, que amenaza con desbancar en las urnas a Al Fatah, dominador de la vida política palestina en el último medio siglo.
“Los soldados americanos estarían mejor fuera de las ciudades”, dice Anás S., un árabe suní que se opuso a la intervención estadounidense en Irak y hasta ahora había boicoteado el proceso político.
En su austera vivienda de la ciudad de Gaza, Jalil Nofal, de 50 años, seis de ellos vividos en una cárcel israelí, casado y con siete hijos, es uno de los máximos dirigentes del Movimiento de Resistencia Islámica Hamás, de los que no aparecen en público.
El secretario de Defensa estadounidense, Donald Rumsfeld, ha anunciado hoy en el que un día fuera bastión de la insurgencia iraquí, Faluya, que su departamento va a iniciar el repliegue de tropas de aquí a primavera de 2006. Aunque el movimiento es tímido, ya que se limita a dos brigadas (con unos 4.000 hombres cada una), es la primera ve que EE UU reduce el número de efectivos destinados al combate en Irak.
Blair, que realizó una visita sorpresa al cuartel general británico, cerca de Basora, mostró su satisfacción al ser informado por mandos militares británicos y estadounidenses de que las fuerzas de seguridad iraquíes estarán entonces en condiciones de asumir el control del 75% del país, ocupado por EE UU y Reino Unido en marzo de 2003
Hace unos meses, Tali Fahima enseñaba hebreo a una compañera rusa de celda, cuando alguien le enseñó el suplemento semanal del principal diario israelí. En la portada, una foto suya enorme con un titular en letras rojas: “Enemiga del pueblo”.
Un grupo de políticos e intelectuales israelíes y palestinos ha debatido esta semana en Toledo el futuro del conflicto de Oriente Próximo, que es uno de los ejercicios de geopolítica recreativa más insistentes de nuestro tiempo, ante una realidad tan inextricable como sus protagonistas, el Estado sionista y la Autoridad Palestina.
Martin Indyk, cincuentena bien ataviada, cráneo digno del Mount Rushmore, es uno de los hombres que más saben del conflicto palestino-israelí. Judío australiano nacionalizado norteamericano, ha sido embajador en Israel, participado en todas las movidas negociadoras de los noventa, y es hoy director de uno de los think tank (centro de análisis) y lobby sionistas más importantes de Estados Unidos